jueves, 30 de octubre de 2008

Una hamburguesa me hizo recordarte...


Aunque parezca anecdótico ayer una hamburguesa, me hizo acordar a ti, y es que la verdad, la noche estaba tan… pero tan… nostálgica para mi, que todo hacía recordar al tiempo que pasábamos juntos: la música, el olor a pollo, las parejas a mi alrededor, todo.

Ya ha pasado una semana desde que dejamos de vernos, el fin de esta relación y el fin de mis complicaciones, aunque algo fastidioso resultaba el tener que retomas y retomar lo vivido, creo que esta vez si ya no hay vuelta atrás. Sé que en anteriores ocasiones dije lo mismo, pero esta vez ya no tiene arreglo y estoy seguro de ello, pues ni siquiera por msn nos vemos, ya no hay aquel juego (idiota por cierto) de dedicarnos sub Nicks y expresar lo que sentíamos.

En una de las tantas ocasiones que terminamos recuerdo que nadie tuvo el valor para dar su brazo a torcer y fue precisamente los sub nicks los que nos ayudaron a regresar, tanta fue nuestra “pegada” como diría un amigo, que nos citamos y acordamos encontrar la hora y el lugar a través de los sub nicks, ni una sola palabra en los cuadro de diálogo, ni hola.

Aquellas experiencias quedarán en las anécdotas de mi experiencia sentimental, y es que para ser sinceros de experiencias tengo a montones… pasando de lo sublime, inocente, experimental, emocionante, aventurero hasta llegar a K (no quiere que ponga su nombre por cobarde), que lo calificaría a mi parecer como pesimista. Bueno en el momento de mi vida que estoy atravesando, donde todo es optimismo y alegría, una persona como K le bajaba las revoluciones al ritmo de vida que tengo.

No sé si vuelva a escribir algo relacionado con ella más adelante, pero fue un
momento feeling (espero esté bien escrito, pues con el inglés estoy peleado) que me cogió el día de ayer mientras comía mi hamburguesa pollo a la rusa en uno de los locales de la Avenida Húsares.

Para acabara les dejo esta canción que la escucho cada vez que termino con K.

martes, 28 de octubre de 2008

Una nueva mejor amiga

Sentimentalmente –y ya no me avergüenza decirlo- pertenezco al cada vez menos reducido grupo de los “atrapados sin salida”. Para quien no lo sabe –que son en realidad menos de los que lo confiesan- los miembros de esta especie nos caracterizamos por: 1) haber pasado por pocas relaciones, 2) de las cuales ésta es la única (o casi única) larga, 3) peleas enormes por motivos insignificantes, 4) estrés generalizado y 5) constantes cortes rabiosos y posteriores regresos llenos de feeling.

Fue en uno de estos periódicos lapsus de depresión cuando llegué a creer, oh iluso, haber encontrado la luz. Ésta se me apareció en la forma sumamente virtual y atractiva de una linda chica por Hi5. “Un clavo saca otro clavo”, me dije relamiendo una sutil posibilidad de la que, en el fondo, desconfiaba. Y es que era demasiado bueno: acababa de terminar –para no volver, juraba yo- y recibía, primero, una invitación para agregar a una chica como contacto (lo sé, a todos les ocurre menos a mí) y, al día siguiente, un mensaje suyo diciendo:

"Si quieres hablar conmigo, agrégame al siguiente correo…"

Q, así la llamaremos, era entonces una chica que, por lo menos fotográficamente, llamaba la atención. Su nombre, poco común, me sonaba conocido de algún lugar. Pregunté a muchos amigos por si la conocían pero conseguí sólo resultados negativos. Al día siguiente del mensaje cuando, tras analizar temerosamente los pros y contras, me decidí a agregarla al msn, recordé de dónde me sonaba. Era el nombre de una chica de la que un amigo que no veía hace tiempo me había hablado: Bonita… él también la había recordado remotamente de algún lado, quizás del colegio… pero creía haber oído hablar poco dignamente de ella. Así que, cuando le comenté que la había conocido, opinó:

- Jajajajajajaja… aplica, aplica.

Y luego, tras nuestra primera salida:

- Ya me contarás todos los sucios detalles…

Sin embargo, Q resultó ser una chica muy centrada y, al parecer, inteligente. Cursaba un avanzado ciclo de medicina, lo que me pareció notable a su edad (muy cercana a la mía) y era mucho más bonita en persona que por fotografía. Mientras comenzamos a chatear surgió la química instantáneamente. Empezamos a hablar de nuestras cosas. Reíamos horas frente al monitor frío y totalmente anti-romántico; y sin hacer los trabajos que cada uno por su parte debía realizar.

Parecía ciertamente interesada en mis cosas. Me agregó diciendo: “pusiste en tu hi5 que querías gente con algo en la cabeza”. Me comentó que le había parecido muy interesante por el texto de Ibsen que había agregado en mi perfil. Me dijo que me había visto muchas veces: en la feria del libro, en la conferencia de Bryce, por la universidad, discutiendo con mi enamorada por las calles… Le prestaría un libro en nuestra primera salida, ya que ella justo acababa de terminar Un Mundo para Julius.

Llegó nuestra primera salida, una excursión por el centro de Trujillo. Me arreglé y llevé esmeradamente una edición original de un libro de F. Scott Fitzgerald. Me pregunté varias veces si acaso estaba cometiendo una tontería. La caminata no fue nada del otro mundo en realidad, pero hacia el final escuché frases siempre gratas y esperanzadoras. Hacía tiempo que no oía palabras similares de una mujer que no fuera mi madre. Llegando al final, creí entrever la posibilidad de pasar a una acción más comprometedora pero mi timidez, falta de costumbre y temor a realizar algo casi prohibido para alguien que acaba de terminar una relación larga, me impidieron despedirme más que con un azorado beso en la mejilla.

Así salimos varias veces. Sin embargo, ella empezaba a mostrar que adolecía de los mismos problemas que mi enamorada. Posesiva, colérica, de carácter dominante… decidí alejarme un poco hasta tomar una decisión respecto a mi futuro sentimental. Estaba saliendo de una relación tempestuosa para caer en otra. Ella misma me lo confirmaba con el relato de sus relaciones anteriores, de las que yo ya estaba al tanto y, especialmente, de los affaires con su último “ex”. Ellos también pertenecían a mi grupo, también estaban atrapados sin salida.

Finalmente, me propuso ir a conversar a Huanchaco -y por aquí se desencadena trágico e inexorable el final de mi relato. Le parecía ése el mejor lugar para hablar con alguien de sus problemas: Habló y habló y habló… y hablé un poco yo también, desanimado. Unas horas antes, en la combi de ida a la que con cierta vergüenza ella había accedido a subir, me había dicho:

-Le conté a mi amiga que me iba contigo a Huanchaco. Me dijo ‘bien ahí’. Y yo me reí – prosiguió Q - y le dije, ‘si cuando conversas con él sientes que hablas con tu mejor amiga…’
Un par de días después volví con renovado cariño a las peleas con mi enamorada